Mientras el mundo atraviesa el duelo por la muerte del papa Francisco a los 88 años, una cinta ha vuelto a tomar gran protagonismo. Se trata de “Cónclave”, un thriller político-religioso que desde su estreno en otoño ya despertaba expectativas, pero que ahora ha adquirido un eco mucho más profundo. La película no solo ha cautivado a la crítica y al público, sino que también ha triunfado en las principales ceremonias de premios, consolidándose como uno de los fenómenos cinematográficos más importantes del año.
La cinta, una producción estadounidense de alto presupuesto, ha sido elogiada por su potente narrativa y su impecable ejecución técnica y artística. Con una recaudación mundial superior a los 116 millones de dólares, Cónclave ha dejado huella tanto en taquilla como en la temporada de premios. La película obtuvo ocho nominaciones a los Premios Oscar, entre ellas mejor película, mejor dirección, mejor actor y mejor actriz, y consiguió alzarse con la estatuilla a mejor guion adaptado, gracias al brillante trabajo de Peter Straughan, quien adaptó la novela homónima de Robert Harris, publicada en 2016.
Dirigida por el cineasta alemán Edward Berger, reconocido por su aclamada versión de Sin novedad en el frente y la serie Your Honor, Cónclave se adentra en las tensiones y secretos del Vaticano tras la inesperada muerte del papa. La historia inicia con el fallecimiento repentino del pontífice, lo que desencadena la convocatoria inmediata del colegio cardenalicio para dar inicio al cónclave, la estricta y milenaria ceremonia en la que se elige al nuevo sucesor de la Iglesia católica.

El protagonista de la trama es el cardenal Thomas Lawrence, interpretado por un impecable Ralph Fiennes, cuya actuación le valió una nominación al Oscar. Como decano del colegio cardenalicio, Lawrence se convierte en el centro de una red de conspiraciones, alianzas secretas y luchas de poder entre los cardenales, cada uno movido por sus propios intereses y ambiciones. Durante el encierro en el Vaticano, empiezan a revelarse antiguos secretos, junto con maniobras estratégicas y decisiones cruciales que podrían cambiar el futuro de la Iglesia católica.
El guion de Peter Straughan sobresale por su equilibrio entre la tensión narrativa y la reflexión sobre el poder, la fe y la ambición. La historia avanza con un ritmo preciso, manteniendo al espectador atrapado desde el inicio hasta un desenlace impactante. La atmósfera claustrofóbica del cónclave y la presión creciente de los acontecimientos se plasman en cada escena, generando una intriga constante que se intensifica con cada nueva revelación.
Un reparto de lujo y actuaciones memorables
Además de Ralph Fiennes, el reparto de Cónclave reúne a figuras de gran peso, aportando aún más solidez a la producción. Isabella Rossellini destaca en uno de los papeles femeninos clave, encarnando a una influyente figura de la curia vaticana con un rol decisivo en el rumbo de los acontecimientos. Su brillante interpretación también fue reconocida con una nominación al Oscar, marcando su regreso triunfal al cine internacional.
Completan el elenco Stanley Tucci, John Lithgow y Sergio Castellitto, actores de gran trayectoria que aportan matices únicos a los personajes del entorno vaticano. La química entre los intérpretes, unida a la solidez del guion, da vida a un universo verosímil y absorbente, donde incluso las decisiones más pequeñas pueden desencadenar repercusiones colosales.
Una producción visualmente impecable
Uno de los aspectos más elogiados por la crítica es el altísimo nivel de producción. Aunque gran parte de la historia se desarrolla en el Vaticano, la película no fue filmada dentro de la Santa Sede, sino en los legendarios Cinecittà Studios de Roma. Allí, el equipo recuperó un antiguo decorado de la Capilla Sixtina, que fue restaurado meticulosamente durante diez semanas, convirtiéndose en el escenario principal del filme.
Otros lugares de rodaje incluyeron espacios emblemáticos de Roma como el Palacio Farnesio, la Villa Médici, el Palacio de Carseta y el Ospedale di Santo Spirito. Gracias a estas ubicaciones auténticas, la película consigue una ambientación de primer nivel, sumergiendo al espectador en el universo solemne y cerrado del Vaticano. Además, el diseño de producción, el vestuario y la fotografía recibieron nominaciones en varias ceremonias internacionales, reflejando el extremo cuidado en cada detalle del filme.