El abogado sentado junto a Diego —un hombre sudoroso llamado Licenciado Robles— se aclaró la garganta.
El licenciado Robles se aclaró la garganta. —Señor Ramírez… quizá convendría mantener cierto tono. Diego ni siquiera lo miró. —¿Tono? —soltó con una sonrisa torcida—. […]