El día de la despedida, **Fernando José** me poseyó con una pasión desenfrenada, casi violenta. Desde la sala principal hasta el baño principal, y terminando contra el enorme ventanal que daba a la ciudad… cada rincón de la mansión quedó marcado por nuestro amor doloroso y desesperado.
Yo lloraba hasta quedar ronca, suplicándole que parara, pero él no escuchaba. En el clímax del placer, con los ojos inyectados en sangre, me rogó: […]